jueves, 7 de julio de 2011

Desde mi corazón.

¿Hay razón en ser una voz que resuena en el vacío?, ¿acaso hay que guardar silencio porque no se tienen ecos de lo que se dice?
 La voz quizás no es fuerte, pero es audible; no habla con la sabiduría de los eruditos, pero sí que lo hace con la sinceridad de sus propias convicciones; no tiene la fuerza de los santos y de los doctores de la Iglesia, pero sí que cree en la fuerza que Dios Padre convenga concederle en el momento que ÉL considere justo.
 La mía, es una voz que quizás ni siquiera alcanza a cubrir lo mínimo de lo más ínfimo, sin embargo, busca expresar de modo muy personal lo que el alma vibra, lo que la mente bulle.
  Hoy levanto mi voz para expresarme en desacuerdo con las pautas de la cultura de la muerte, expresadas en la eutanasia, en la eugenesia, en la FIV; prácticas que suponen bienestar para el ser humano, porque el ser humano está hastiado del sufrimiento, de la privación, de tener el orgullo lastimado porque no lo posee todo. 
  Como creyente estoy convencida de que el sufrimiento antes de morir, purifica el alma, no sólo del que está postrado en cama o carga en su cuerpo la muerte física misma sin consumarse, sino que es purificación, conversión y salvación para quienes le rodean.  Por esto es que no comparto la eutanasia; aparte que sólo Dios Padre quita la vida física para otorgar la vida eterna.
 En los incomprensibles signos de una humanidad que está llena de seres "aptos" y de personas cuya existencia según la selección natural, no debieran existir, hay letra de conversión y salvación para todos y cada uno de los seres humanos, que nos vamos transformando, cuando nos dejamos tocar profundamente por la presencia de estos otros, de quienes aprendemos a ser más humanos en los términos que Dios Padre ha dispuesto.  Por eso es que no creo en la eugenesia, pues si por ésta fuera, la faz de la Tierra se vería "librada" de la gente obesa, de los flacos esqueléticos para dar paso a los cuerpos atléticos; no habría gente con inteligencia promedio, mucho menos con IQ inferior al normal, tan sólo los genios intelectuales tendrían el "derecho" a la vida; no habría feos, sólo rostros simétricamente perfectos...¿y el alma? dónde queda el alma sensible, capaz de amar desinteresadamente; no habría conciencia del alma, porque esta no importaría, ¿o sí?
  No estoy en contra de la vida, tampoco el egoísmo me da como para negar la completud de los hijos en la vida familiar; pero, de acuerdo con el gran número de artículos de ciencia que he leído, la FIV más que vida, trae muerte.  A quien esté leyendo le pregunto: ¿considera que su ser humano, comenzó el día de su nacimiento o desde el momento mismo de la fecundación? No porque no tengamos memoria del tiempo embrionario, no quiere decir que no hayamos existido desde entonces.  Ahora vaya, mírese al espejo y contemple sus rasgos físicos que no le resultan agradables y piense que por esos "defectos", en un proceso de selección de laboratorio, bien no pudo haber existido.
 ¿Quién decide con sabiduría, con Amor, el otorgar el don de la vida?  Para mí es Dios Padre, quien en su Omnisciencia da vida a personas con misiones específicas, trascendentales según Sus criterios; aunque Sus designios nos resulten incomprensibles, no significa que carezcan de sabiduría, inteligencia y bien absoluto para todos y cada uno de nosotros.

 Abrazos y bendiciones.

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