No, porque no los veas, sus ojos no brillan con curiosidad.
No, porque no lo veas, su corazón no late con fuerza titánica.
No, porque no lo veas, su cerebro no está codificando cada estímulo que percibe.
No, porque no las veas, sus piernas no están ansiosas por correr el mundo.
No, porque no la veas, su alma no está unida intrínsecamente a su ser corpóreo.
Y tú, incrédulo, auto proclamado homo sapiens sapiens,
tú, que ya caminas por este mundo, tu alma yace en tu ser, invisible a los demás.
Por más que quieras silenciarla
con argumentos llenos de ciencia y de intelectualidad,
ella te interpela la frialdad, la indiferencia
ante ésos, que, como tú fuiste alguna vez, esperan en silencio
un buen samaritano que les defienda
su innegable dignidad humana.
Priscilla de los Ángeles.
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