lunes, 9 de mayo de 2011

Ahora sí, de nuevo a la realidad.

Hoy en el rezo de los laudes han destacado para mí, ciertos versículos de las lecturas Romanos 10, 8b-10; salmo 83; Isaías 2, 2-5 y del evangelio según san Juan 6, 22-29.
En orden, aparecieron así:
"Dichosos los que encuentran en tí su fuerza
al preparar su peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana,
los cubriera de bendiciones;..." (del salmo 83)

"Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus sendas;..." ( de Isaías 2, 2-5)

De Romanos 10, 8b-10: " Porque, si proclamas con tu boca a Jesús como tu Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.  Pues con el corazón creemos para obtener la justificación y con la boca hacemos profesión de nuestra fe para alcanzar la salvación."

Y, del evangelio de hoy, según san Juan 6, 22-29:
 Jesús les contestó: -<>
Ellos le peguntaron: - <>
Respondió Jesús: -<>

Todo se me convierte en una plegaria completa que eleva mi alma en agradecimiento, súplica y que de Dios Padre viene con la exhortación de vivir en Cristo.
El salmista reconoce que la vida del creyente, es una vida con dificultades, tribulaciones, pero que quien se abandona en manos de Dios Padre, recibe de ÉL la fuerza extraordinaria para continuar con gozo en el alma y una amplia sonrisa en el rostro, sabiéndose triunfador en Cristo y con Cristo.
Isaías ya anuncia que todo saber, inteligencia, sabiduría que valen la pena, son las que provienen de Dios Padre y quien es dócil a Su Voluntad, camina seguro por Sus sendas.

En la carta a los Romanos, el Señor me regala esta comprensión personal, mi salvación proviene en primer término por la justificación que Jesús me ha alcanzado con su sacrificio santo y perfecto, pero que yo debo creer de corazón. La confesión de labios, supone tácitamente, que nace del corazón iluminado por la presencia de Cristo Jesús e impregnado por su espíritu, actúa conforme a ser evangelio viviente tal y como lo es Jesucristo; así, unido en Cristo a Dios Padre.  Pues si confieso creer en Jesús tan sólo de labios, sin reflejarlo con un genuino, sincero testimonio de vida en Cristo, soy tan sólo una mentirosa, una hipócrita que usa el nombre de Jesús para quedar bien ante los seres humanos ( o sea, que mi verdadero dios, sería mi vanidad ).

Para reafirmar lo que hoy me quiere decir el Señor, Jesús me regala a través del evangelio la máxima de TRABAJAR POR EL ALIMENTO QUE PERDURA PARA LA VIDA ETERNA...haciendo la obra que Dios quiere...: que crea(is) en el que Él ha enviado.
Todo se conjunta en la idea de que mis esfuerzos cotidianos, aún en medio de los afanes de este mundo, siempre estén orientados en trabajar por alcanzar el Reino de los Cielos, perseverando en el escrute de la Palabra a la luz del Espíritu Santo, constante en la oración íntima, privada, asimismo en la oración comunitaria, que frecuente la celebración de la Palabra (santa misa) y participe de la fracción del pan (sagrada comunión, para quienes somos católicos).  Todo esto como punto de partida para estar en estrecha unión con Cristo y de este modo, sea Él quien actúe en uno, así profesar la fe en Dios y en su Cristo.
Jesús también amonesta que uno muchas veces lo busca, no por amor, no por fe, sino porque al ver lo poderoso que es Dios, uno lo busca para que satisfaga las mundanas necesidades que se tienen. Así que es obligatorio, ser autocrítico y siempre autoexaminarme para saber si le amo porque lo necesito o lo necesito porque lo amo.

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