miércoles, 11 de mayo de 2011

Anhelos y realidades.

De siempre he creído que el anhelo inscrito en el corazón, es la clave para descubrir la vocación a la cual uno ha sido llamado para cumplir en este mundo. Incluso, una vez, oí en la radio la fábula de un águila que por un accidente, todavía siendo un huevo, cae en un gallinero y lo "adopta" una gallina que estaba clueca, lo empolla junto con los otros huevos, nace el águilita en medio de todos los pollitos y empieza su vida creyéndose un pollito desadaptado; sin embargo, cuando crece, mira al cielo y siente el anhelo de volar; hasta que un día todo se confabula, el águila descubre su verdadera identidad y se remonta en el cielo azul, feliz de descubrirse.  Pues, este cuento corto por muchos años alentó mis sueños, mis anhelos.
Sin embargo la realidad es otra, al menos para mí. Y, ahora que estoy más enfocada en buscar el Rostro de Dios, creo haber encontrado una explicación, quizás no parezca lógica, pero al fin y al cabo, una explicación.
Mi anhelo particular está asociado a la música, al bel canto, a vivir en el extranjero y además, a sueños de grandeza; para realizarlo luché contra la oposición de mis papás, luché internamente conmigo misma pues tenía el conflicto de honrar a padre y madre, al tiempo que buscaba ser yo; luché con un sentimiento de vejez, sentía que a la edad que comenzaba ya era muy tarde. Aunque hubo consuelos: personas que expresaban admiración por mis talentos, otras me alentaban, diciéndome que me estaba "desperdiciando aquí"; incluso, gracias a Dios Padre, pude estudiar música en la Etapa Básica de la UCR, también  fui becada por un profesor de canto, estudié actuación con el mejor profesor de teatro que hay en el país, pude participar de un montaje de ópera con una compañía independiente, como uno de los personajes principales.
Retomo, la realidad hoy día, para mí, dista mucho de aquellos anhelos.  Aquí es donde mi comprensión se torna en otra.  He llegado al convencimiento de que en la pedagogía particular que Dios Padre dispone para cada uno de sus hijos adoptivos, me tocó en suerte vivir el anhelo como signo de contradicción.
Vivir el anhelo como signo de contradicción supone, para mi crecimiento espiritual varias lecciones. Primero una lección de humildad, pues por mucho tiempo sentí vanidad a partir de mis talentos. Segundo,  una lección de obediencia y sometimiento a la Voluntad de Dios a partir de lo incomprensible, por ende, una lección de abandono a la Voluntad del Padre Celestial. Tercero, una lección de silencio, de callar las preguntas innecesarias de "¿por qué ...?", así como los reproches y reclamos. Cuarto, una lección de esperanza, entendida como saber esperar en Dios, en su Palabra, en su promesa.
Hoy por hoy, vivo mi anhelo como signo de contradicción en gozo, en paz, en esperanza; cada día Dios Padre me abre un poco más los ojos del alma para mostrarme la belleza del plan trazado para mí, a partir de vivir en alegría mi anhelo contradictorio; y les confieso, los sueños de grandeza se están cumpliendo, no en la limitada medida que yo había concebido, en la medida de una grandeza superior que se viste con el traje del servicio, del morir al egoísmo y del abrirse a responder generosamente al llamado de ser un instrumento para ser usado por Dios.
Bendiciones y abrazos.

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