Dios Padre permite que los caminos de los seres humanos se entrecrucen para escribir historias de conversión. Esto es una verdad que ahora logro comprender en paz y agradecimiento.
Es común que uno en su religiosidad natural, espere que la bendición de Dios llegue con el rostro de la abundancia, de la fertilidad, de la buena fama, de la comodidad, del ser amado por todos los que le rodean a uno, del ser popular, número uno, alma de la fiesta, ser la luz que brille en todo evento social, por pequeño que sea, además de una buena figura, un buen rostro, buena salud y condición atlética; en síntesis, uno se cree que la bendición de Dios es la perfección de las condiciones de vida en este mundo, según las expectativas del mundo.
Ahora, a lo que motiva mis letras.
El rechazo, las falsedades, la manipulación, la hipocresía y las calumnias son aspectos de vida que, históricamente, me han causado gran dolor y tristeza. Recuerdo que en un principio, mi reacción era de ostracismo, de rumiar mis dolores y caer en una tristeza que explotaba en cólera. Más tarde, con los años y una percepción de falsa valentía, reaccionaba con agresividad manifiesta en malos modos, en silencio, y algunas veces, en chistes bastante sangrones.
Pero con el tiempo, y aunque suene a vieja fanática, Dios Padre en su misericordia, me facilitó los medios y los correctos maestros, según el magisterio de la Iglesia a la que pertenezco, me llamó a su Luz y todo empezó a cambiar. No cambiaron las personas, el cambio se opera en mí, gracias a dos factores: 1, El amor de Dios. 2. Me despojé de toda majadería y abrí el alma para que ÉL haga su revolución de amor.
De eso hace ya unos cuatro años. Fue tan sólo el inicio, porque este camino nunca termina, se anda hasta que la hermana muerte llegue a avisar que ya es hora de partir.
Hoy por hoy, miro atrás y sólo veo tesoros, crecimiento espiritual.
Los insultos y comentarios despectivos para conmigo, fueron transformados en bendiciones, en modificaciones y mejoras. Las falsas "verdades" que se dijeron de mí, fueron tan sólo una puerta para que Dios me enviara amor, consuelo, paz, y me hablara aún más al oído, llamándome a su lado para instruirme más. Los rechazos, que aún los vivo, me sirven como arista para poder mirarme desde otro ángulo, autoexaminarme y corregirme o ratificarme. El desprecio, me regala espacios a solas, donde puedo elevar mis ojos en busca del Rostro amoroso de Dios, y siempre lo encuentro, animándome y regalándome nociones de la verdad. De la hipocresía aprendo el valor del ser genuino, auténtico, fiel, leal y me alerta, para que siempre busque abrir mi alma a Dios y Él me guíe para ser y actuar según la verdad.
Como ven, no sólo las personas que obsequian amor, apoyo incondicional, compañía, aquellas que son buenas con uno, dejan huellas valiosas en la propia existencia. También de aquellos con quienes sufrimos ratos amargos, se heredan riquezas de insospechado valor, tesoros que sorprenden por lo invaluables y positivos que son.
Además, si Cristo, unigénito del Padre, sufrió todo lo anterior y más, quien soy yo para hacerme la merecida y esperar que mi vida sea color de rosa, con todas mis necesidades y necedades satisfechas por ÉL; privilegio es que mi vida sea una transparencia del ser y del amor de Jesucristo, lo cual conlleva vivir alegremente, todo lo negativo que anteriormente he descrito.
Bendiciones y abrazos.
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