La concepción más popular y errada es que Dios condena.
Hoy mismo he estado leyendo y meditando el evangelio según san Juan (capítulo doce, versículos del cuarenta y cuatro al cincuenta) y el mismo Jesucristo habla:-"...el que me ve a mí ve al que me ha enviado...no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día."
Entonces, a partir de las mismas palabras de Jesús se desprende esta comprensión: Cristo es la luz del mundo para librarnos de las tinieblas del pecado, dicha Luz es su Palabra, su Evangelio, el cual no tiene nada de ambiguo cuando uno se decide a recibirlo sin expectativas, sin buscar argumentos, sin buscar pretextos, ni disculpas.
Si Jesús y Dios Padre están el uno en el otro de modo recíproco, si Cristo afirma que quien lo ve a Él ve a Dios, que lo que él habla es por mandato del Padre Celestial, entonces, Dios no condena, Dios busca y propicia la salvación de sus hijos adoptivos, que somos todos los seres humanos.
Desde el principio de la Creación, Dios Padre regaló a la especie humana el libre albedrío, por tanto, cada uno de nosotros tiene la libertad de escoger para sí camino de perdición o camino de salvación. Optar por el camino de salvación y vida eterna consiste en guardar, o sea, observar y hacer vida, las palabras de Cristo, es convertirse en evangelio viviente en el amplio espectro del compromiso cristiano.
Por lo tanto, el ser humano desde su vida terrena puede anticipar la vida eterna, viviendo según los valores del Reino y así el día del juicio personal, por lo menos pegar terminación con el purgatorio.
Pero también, uno puede desde este mundo empezar a vivir la condenación eterna, con el simple hecho de rechazar toda enseñanza de Dios, de Jesús, haciéndose de uno mismo el dios personal que gobierna ciegamente su propia existencia. Cabe destacar que este es uno de los engaños del enemigo mortal, que uno piense que Dios es un cuento de hadas y que la vida hay que "disfrutarla al máximo" probando todos los excesos, porque de por sí, no hay tal de vida eterna.
La fe, el creer en Dios, en su Unigénito, es una virtud teologal, es decir, sólo Dios Padre puede concederla, por tanto hay que orar perseverante para que Dios conceda y/o aumente la propia fe, para de este modo, fortalecidos en ÉL y en Cristo hacer opción de vida eterna.
Abrazos y bendiciones.
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